Procesos y retrocesos en el fluir del arte.

Nora Ancarola

Según nos cuenta en sus textos Elsa Plaza, a finales del siglo XIX en el Hospital de la Salpetrière de París, aparece una mujer, pequeña, con las ropas raídas, caminando de puntillas.

Madeleine, así se hacía llamar, provenía de una familia acomodada, con la cual había perdido el contacto hacía algunos años, tenía una cierta cultura y tenía en aquel momento 42 años. El motivo de su aparición en el Psiquiátrico era debido a las dificultades que tenía para caminar, padecía de una cierta rigidez en los miembros inferiores y sentía la atracción de Dios desde las alturas, lo que le provocaba el caminar tan particular.

El primer diagnóstico de Pierre Janet, su médico de la Salpetrière fue de histeria, muy de moda en la época para incluir en el mismo saco cualquier dolencia femenina explicando el hecho como una predisposición genética.

Pero la sensibilidad de Pierre Janet fue más allá de lo habitual y realizó un trabajo minucioso siguiendo los procesos de Madeleine registrándolos en un cuaderno que luego transformó en un libro La agonía y el éxtasis que publicó algunos años después. Poco a poco fue comprobando que Madeleine tenía unas extremas contracturas musculares provenientes de ciertos problemas discales y que las llagas coincidían con los períodos menstruales. Pero lo que destaca del texto de Pierre Janet es que comprende que Madeleine requiere ser interpretada, y que sus manifestaciones son la expresión de un profundo deseo de libertad.

Esta huída hacia lo sagrado en conexión directa sin pasar por las reglas de la religiosidad era muy habitual en las mujeres desde la antigüedad, como una evidente expresión en contra de la represión moral, religiosa y social padecida. Madeleine pudo finalmente salir de la Salpetrière a los 49 años y vivió hasta los 73, recluída pero habiéndosele disminuído los procesos de tensión hasta finalmente desaparecer.

Desde las manifestaciones de Madeleine interpretada por Pierre Janet hasta las acciones de Gina Pane, artista italofrancesa, fallecida en el año 1990, la cual (y permítaseme la comparación) realiza incisiones en su cuerpo ritualizado, o propone una lectura de su autoagresión interpretada por ella misma, pasaron casi cien años. En esos cien años la posibilidad de que las mujeres puedan ser oídas y no mantengan (según Lacan) el lugar de la ausencia, a las que se les habla, sino que puedan interpretar su propio discurso y ser protagonistas de su propia expresión, ha sido uno de los pasos más importantes que se han producido a lo largo de la Historia y en particular de la Historia del Arte. Sin embargo, y teniendo en cuenta los enormes pasos dados hacia la visibilidad de las prácticas artísticas femeninas, quería poner de manifiesto una vez más los procesos y retrocesos que se producen en los mecanismos generados para que este hecho se haga posible.

La inquietud provocada por algunas constataciones, podrían ser punto de partida para el debate:

A) Un retroceso en el proceso de normalización de la plena incorporación de la mujer en los ámbitos privados y públicos en particular los considerados de más alto ³nivel².

B) Las prácticas de control, discriminación y censura son hoy más sutiles, pero igualmente eficaces.

C) La mitificación y el enquilosamiento de falsas concepciones respecto de la división del trabajo y la función social.

D) La relativización respecto ciertas concepciones que anuncian que hay ámbitos ³tomados² por la mujer.

E) Retroceso específico en nuestro país por el agravante de la aparición de un discurso ³popular² (en su doble sentido) sustitutorio.

Si nos remontamos al primer programa feminista de arte realizado en la Universidad de Fresno y llevado a cabo por Judy Chicago en 1970 y observamos la enorme cantidad de textos tanto teóricos como de expresión plástica, comprobaremos que estos 32 años han sido y siguen siendo enormemente fértiles en cuanto a análisis de la situación y creación de nuevas metodologías. Los años 70 fueron especialmente ricos en la creación de instituciones paralelas a las hegemónicas (Martha Rosler) y de programas de coeducación.

En el terreno de la teorización se ha investigado muy profundamente la compleja trama que tejía las profundas desigualdades y finalmente los beneficios y las fracturas que provoca la aplicación de igualdad sin observar las diferencias. Se ha investigado profundamente sobre esas diferencias de género, desde posturas esencialistas a otras que no lo son.

Actualmente el problema de la visibilidad de la mujer y sus acciones en una sociedad que vela por sistema o deja en un segundo plano todo lo proveniente del sexo femenino es motivo de estudio, tanto como el que esa visibilidad se realice finalmente con autoridad.

En España este proceso se produce más lentamente y finalmente a finales de los 80 y durante toda la década de los 90 se crean en algunas universidades departamentos de género siempre muy acotados, asignaturas que desarrollan el tema (siempre optativas, nunca troncales) y centros de investigación que a pesar de generar numerosos debates difícilmente son difundidos por los medios oficiales.

En este punto me gustaría incluir una serie de observaciones que he hecho en estos últimos años:

2000: Escuela de Artes Aplicadas de Barcelona. Posee aproximadamente 1 Km lineal de libros, de los cuales solo 25 cm son catálogos o libros monográficos de mujeres artistas (incluídos las artesanas).

2000: Se publica Vida de los grandes artistas del siglo XX de E. Lucie Smith.(este libro lo analiza sabiamente Bea Porqueres en uno de sus artículos). 100 artistas de los cuales solo 12 mujeres, manteniendo como habitualmente, el tono anecdótico cuando se refiere a las artistas mujeres, siempre en relación a orto u ortros artistas hombres, dándole un valor sustancial a su vida privada, incluso en una entrevista que se le hace en relación a la publicación de su libro comenta que la inclusión de las artistas fué básicamente una demanda del mercado.

2002: Ante la demanda del libro de Mujer, Arte y Sociedad de W. Chadwick en la dos importantes librerías de Barcelona, en los dos casos me envían a la sección mujer y feminismo, cuando en realidad es un libro de Historia del Arte.

2002: Los centros de estudios de género están acotados dentro de departamentos específicos, asignaturas que pocas veces llegan a los alumnos no especialmente sensibilizados con el tema, hay profesoras ³feministas² que imparten su asignatura integrando a su programa los nuevos aportes, pero podríamos decir que el currículum académico general no se ha modificado en prácticamente ningún centro de estudios.

A veces me pregunto si esta situación de ³estabilidad² de la que muchos hablan respecto del tema, no está producida porque el debate está ³colocado en su sitio².

Hace un par de años la Secretaria de la mujer de un sindicato de Barcelona pasó un espeluznante informe en el cual después de un cuidadoso estudio se había llegado a la conclusión que para que la sociedad asimile la legislación relacionada con los derechos de la mujer, los homosexuales y los inmigrantes (estábamos todos en un mismo nivel de dificultad) hacía falta al menos 104 años. Más de un siglo para que la sociedad en su conjunto pueda accionar con una cierta soltura frente a temas de derechos humanos.

Esto nos dice que hoy nuestro pueblo acepta realmente el derecho a voto de la mujer y la igualdad teórica de los derechos en general. Pero no ha asimilado en absoluto la igualdad de salarios, la igualdad en la capacidad intelectual, los comportamientos que no estén claramente enmarcados en modelos tradicionales (mujer-dulce, hombre-fuerte, mujer-observada, hombre- observador, etc.)

Hay una falsa creencia que ciertos sectores de la sociedad son ³patrimonio de la mujer², la sanidad, la educación y en particular en el terreno del arte la crítica y la gestión. He traído algunos datos para relativizar estos falsos conceptos de inserción y autoridad social: (los porcentajes siempre son la proporción de mujeres respecto del conjunto)

Educación: Primaria 80% Universidad: 22% (Humanísticas 38%)

Sanidad: Enfermería 85% Medicina y especialidades 28% Investigación 12%

En las Escuelas de Arte ( incluída la Facultad de Bellas Artes-Cataluña): Entran 68% Egresan 40% (este es un dato que requiere una seria reflexión, qué pasa con las estudiantes que prácticamente se invierte el porcentaje durante la misma carrera...) De 60 galerías de arte de Barcelona: 23 están dirigidas por mujeres 37 están dirigidas por hombres

He creído datos a considerar, el resultado de algunas observaciones que he realizado estos mismos días:- Revista Lápiz (último número): Corresponsales: 18 hombres 7 mujeres Artistas (de los que se habla en el apartado de exp. temporales: 14 hombres 7 mujeres

-Revista resumen de ARCO 2002: Directora: mujer Consejo asesor y colaboradores: 20% Mesas de debate: 44 hombres 28 mujeres (alguien comentó que este año las mesas de debate habían sido ³tomadas² por las mujeres...)

-Documenta de Kassel 2002: Artistas: 38% Respecto la Documenta de Kassel creo que es interesante saber que la Documenta X (1998) fue la primera (y hasta ahora única) comisariada por una mujer (Catherine David).

No es extraño que desde los sectores de estudios feministas se esté hablando insistentemente del tema de la VISIBILIDAD femenina, ya que aún siendo la mitad de la población, y ya habiendo sido comprobadas las capacidades y habiéndose estudiado la innumerable cantidad de mujeres que han realizado una obra interesante (en particular hablando de mujeres artistas) a lo largo de nuestra historia, los libros de arte NO SE MODIFICAN, siqguen apareciendo y reeditándose libros de historia del arte sin la inclusión de estas mujeres. Qué es lo que se ha de demostrar? Cuáles son los mecanismos que se deben desatascar para que esto suceda?

Nuestro país evidencia los resultados de estos últimos años donde un gobierno profundamente sexista y prepotente coloca a la mujer en un lugar de extrema competitividad. Según el discurso imperante las mujeres que ³valen², llegan (discurso que la izquierda de los O70 ya había puesto en duda para el conjunto de la población...).

Muchas mujeres creen que entrando en este juego huyen del victimismo, y se colocan fácilmente en el lugar que el poder les tiene asignado.

Ante todo esto, creo que debemos buscar nuevas estrategias y reafirmar las ya utilizadas observando con detenimiento los efectos obtenidos. Estaría de acuerdo con algunas:

1) No deberíamos perder de vista la enorme importancia de incorporar a las mujeres en la Historia (en nuestro caso específico la Historia del Arte). No es suficiente el haber encontrado y estudiado la enorme cantidad de acciones y productos realizados por la mujer a lo largo de nuestra cultura, tienen que incorporarse ya a los libros, no en libros separados, tienen que incorporarse a lo establecido institucionalmente. Este es un esfuerzo que no lo debemos hacer solo en nuestro ámbito sino debemos estar atentas y pedir contínuamente los referentes históricos que se nos ha ocultado.

Cómo es posible que las artistas sólo tengamos modelos masculinos, las más jóvenes ahora tienen las artistas de las últimas décadas, pero no es suficiente, ya que esta idea que la mujer acaba de despertar es absolutamente negativa, no queremos heroínas, sino referentes para poder construir nuestro propio imaginario.

2) Colocar en el lugar que se merece prácticas artísticas que han sido despreciadas o incluso ridiculizadas porque eran realizadas por mujeres. La cerámica se entiende como artesanía cuando es patrimonio de las mujeres, mientras (supuestamente) era realizada por hombres (la época clásica por ejemplo) se incorpora a la Historia como arte, pero cuando pasa a ser una actividad más privada que pública o realizada por pueblos ³primitivos² pasa a los museos de artesanía o antropología.

3) Lo mismo en relación a los temas que las mujeres han trabajado. Mujeres artistas como Rachel Ruysch eran excelentes pintoras de flores. Porqué las flores no son una ³vanitas² como otros tantos temas que se desarrollan en la pintura...

Las mujeres que pintan en el siglo XIX el interior de sus casas con sus hijos y el ambiente que les rodea, no han sido valoradas básicamente porque el tema se considera poco fuerte, poco consistente. La desvalorización de Mary Cassat no tiene que ver con su factura pictórica sino con la falta de energía de sus temas.

4) Creo que en este momento es muy importante oír voces desde otros márgenes. Creo que es especialmente interesante escuchar la visión que mujeres de otras culturas tienen de nosotras occidentales. Fatima Mernissi en El Harén occidental, Emine Özdamar en El puente del cuerno de oro, o Hong Ying, desmitifican la idea de la libertad que tenemos de nuestra cultura. Es evidente que la situación de la mujer en el mundo oriental y en particular el musulmán es desesperante, pero debemos tener en cuenta que de la misma manera que en estos momentos el liberalismo capitalista está buscando (y lo ha encontrado) su enemigo (desde la pérdida del comunismo), también utiliza el parámetro de la injusticia y la marginación en esos países para colocar nuestra cultura como modelo de justicia e igualdad social.

5) No podemos dejar de enmarcar el tema de la mujer en el contexto de una sociedad muy preocupada por globalizar marcando los territorios pero impidiendo la reafirmación verdadera de las identidades. Las luchas por la afirmación y la construcción de la identidad y su autoridad no están aisladas de las luchas sociales en su conjunto.

6) Por último no deberíamos permitir que el tema de la mujer y los conflictos de género queden considerados exclusivamente como un tema ³cultural², y mucho más teniendo en cuenta que nuestra sociedad entiende por cultura algo apartado de lo político y muchas veces hasta de lo social.

 

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